Ponés el costo, decidís cuánto querés ganar y sale el precio. Pero antes conviene resolver una confusión que en la mayoría de los negocios cuesta plata todos los días: no es lo mismo recargar 30% sobre el costo que ganar 30% del precio. Con los mismos números, una cosa te deja 30% y la otra 23%.
Las dos formas de decir «gano treinta por ciento»
Recargo sobre el costo. Comprás a $10.000, le sumás 30%, vendés a $13.000. Ganás $3.000. Pero esos $3.000 sobre un precio de $13.000 son 23,1%, no 30%.
Margen sobre el precio. Querés que $3 de cada $10 que entran sean tuyos. Entonces el precio no es costo más 30%: es costo dividido 0,70. Comprás a $10.000 y vendés a $14.286. Ahí sí ganás 30%.
La diferencia entre las dos formas son $1.286 por unidad. Sobre cien unidades, $128.571 que alguien decidió no cobrar sin darse cuenta. No es un error de cálculo: es un error de definición, y por eso sobrevive años sin que nadie lo note.
Tabla de conversión: qué recargo necesitás para el margen que querés
| Si querés ganar… | Recargá sobre el costo… | La cuenta es… |
|---|---|---|
| 10% del precio | 11,1% | costo ÷ 0,90 |
| 20% del precio | 25,0% | costo ÷ 0,80 |
| 25% del precio | 33,3% | costo ÷ 0,75 |
| 30% del precio | 42,9% | costo ÷ 0,70 |
| 40% del precio | 66,7% | costo ÷ 0,60 |
| 50% del precio | 100% | costo ÷ 0,50 |
Leído al revés, que es como suele aparecer en la vida real: si venís recargando 50% sobre el costo, tu margen es 33,3%. Si recargás 100%, es 50%. La regla es margen = recargo ÷ (1 + recargo), y explica por qué casi todo el mundo cree ganar más de lo que gana.
Y el IVA, ¿dónde entra?
Después de todo esto, no antes. El margen se calcula sobre el precio sin IVA, porque el IVA no es tuyo: lo cobrás y lo depositás. Si vendés a $14.286 más 21%, el precio final es $17.286, pero tu margen sigue siendo el 30% de $14.286. Calcular el margen sobre el precio con IVA es la segunda forma más común de creer que ganás más de lo que ganás.
Lo que un descuento del 10% se lleva de verdad
Acá está la segunda cuenta que conviene tener a mano, porque el descuento no sale del precio: sale de la ganancia, que es una porción mucho más chica.
Con 30% de margen, un 10% de descuento no te saca un 10% de nada. Te saca un tercio de la ganancia. Y para volver a la misma plata que ganabas antes no necesitás vender un 10% más: necesitás vender un 50% más.
| Tu margen | Con 10% de descuento queda… | Ganancia que perdés | Unidades extra para empatar |
|---|---|---|---|
| 20% | 11,1% | 50% | +100% |
| 30% | 22,2% | 33% | +50% |
| 40% | 33,3% | 25% | +33% |
| 50% | 44,4% | 20% | +25% |
Por eso «hacele un diez» es la frase más cara de un mostrador. No es que esté siempre mal —a veces cerrar la venta vale exactamente eso—, pero conviene saber que estás resignando un tercio de lo que ese producto te iba a dejar, y no una décima parte.
Tres cosas que esta cuenta todavía no sabe
No incluye tus costos fijos. El margen que ves es sobre el costo del producto. El alquiler, los sueldos y la luz salen de ese margen, no de otro lado. Un 30% puede ser excelente o insuficiente según cuántas unidades vendas por mes.
No incluye lo que cuesta vender. Comisión de la plataforma, del medio de pago, el envío, el empaque. Una parte del precio se va antes de que veas la plata: sumala al costo, no la descuentes del margen mentalmente. Y si además manejás depósito y reparto, el costo real de cada unidad incluye cosas que no están en la factura del proveedor — eso lo miramos en gestión para distribuidoras.
No sabe si tu costo está actualizado. El error más caro no es calcular mal el margen: es calcularlo bien sobre un costo de hace tres meses. Con precios que se mueven, un margen del 30% sobre un costo viejo puede ser un margen del 5% real.
La pregunta que importa
No es «cuánto tengo que cobrar». Es por qué tenés que sentarte a calcularlo.
Un negocio que sabe pensar no necesita que el dueño abra una calculadora cada vez que cambia un costo: el sistema ya sabe cuánto costó, cuánto se vendió, con qué margen salió cada cosa y cuáles son los productos que parecen rentables y no lo son. La cuenta es la misma. Lo que cambia es si alguien tiene que hacerla a mano o si aparece sola cuando hace falta.
Es la misma lógica aplicada al tiempo en vez de al margen: cuánto perdés al día haciendo lo que un sistema podría hacer por vos. Primero se mide, después se decide, y recién al final se automatiza.
¿Y si esta cuenta no la tuvieras que hacer vos?
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